Método analítico, filosófico y fisiológico

 

para la educación de las voces

NOTA DEL TRADUCTOR Y REVISOR

Tras el éxito obtenido con la primera publicación del libro editado por Geslican – Montañas de papel en el año 2014, presento la segunda edición en formato digital con la esperanza de poder difundir más ampliamente las enseñanzas del maestro Giraldoni.

En este compendio de su Guía teórico-práctica para el uso del artista cantante, publicado en 1864 y posteriormente en 1884, el célebre barítono analiza las condiciones esenciales de la emisión del sonido y reflexiona sobre las principales causas de la decadencia del arte del canto.

Estos escritos vieron la luz en medio de la revolución técnica desatada por las nuevas exigencias estéticas y vocales del drama verdiano, un estilo de canto que, si bien tiene sus raíces en la escuela belcantista, extrema las exigencias vocales en la búsqueda de un mayor poderío en lo que se refiere a potencia, colorido y acentos, generando una emisión más tensa y brillante que permite soportar la nueva función de la orquesta que ahora participa activamente de la acción dramática.

Giraldoni hace hincapié en los puntos esenciales de esta nueva manera de concebir el sonido, en vistas de la falta de claridad en el abordaje del estudio por parte de maestros y alumnos. Analiza las causas de la decadencia del arte vocal, poniendo en evidencia no solamente los malestares que se producen por los malos estudios sino también aquellos que se manifiestan debido a la falta de sapiencia en el ámbito de la composición, la intrusión de nuevos estilos que no se acomodan a la buena vocalidad y las nuevas exigencias de una producción instantánea, que va en contra de la minuciosidad y el tiempo que se requieren para el desarrollo de un arte sano, maduro y de calidad.

Como discípulo directo de las enseñanzas de este coloso de la pedagogía vocal y heredero de los lineamientos técnicos, estéticos y filosóficos de la escuela romántica italiana, exhorto a todo aquel que pretenda dedicarse dignamente al estudio del canto tenga a bien leer detenidamente estos escritos que,  poseyendo los secretos más valiosos sobre el ejercicio de nuestra profesión, logran disipar muchas de las ideas insanas y mentirosas que echan sombras y desvirtúan las enseñanzas de aquellos inspirados y fieles maestros que dedicaron su vida a la práctica y la enseñanza de las buenas doctrinas del arte de cantar.

Luca D’Annunzio

NOTA DEL AUTOR

Siendo que el tema que voy a tratar en este opúsculo no es sino una repetición más analítica y detallada de mi pequeña Disertación sobre la Educación de la voz, que ya hizo su aparición dividida en partes en los números 51, 52, 53, 54 y 56 del Boletín Artístico de la Sociedad Lírica Internacional entre artistas y maestros afines, creo útil reproducirla a manera de introducción al estudio del presente opúsculo. Ella servirá mayormente para el entendimiento de mi método y hará resaltar, de modo más eficaz, los puntos salientes sobre los cuales he creído útil extenderme en detalles más minuciosos.- Así lo creo.

Leone Giraldoni

NOTA DEL TRADUCTOR Y REVISOR

Tras el éxito obtenido con la primera publicación del libro editado por Geslican – Montañas de papel en el año 2014, presento la segunda edición en formato digital con la esperanza de poder difundir más ampliamente las enseñanzas del maestro Giraldoni.

En este compendio de su Guía teórico-práctica para el uso del artista cantante, publicado en 1864 y posteriormente en 1884, el célebre barítono analiza las condiciones esenciales de la emisión del sonido y reflexiona sobre las principales causas de la decadencia del arte del canto.

Estos escritos vieron la luz en medio de la revolución técnica desatada por las nuevas exigencias estéticas y vocales del drama verdiano, un estilo de canto que, si bien tiene sus raíces en la escuela belcantista, extrema las exigencias vocales en la búsqueda de un mayor poderío en lo que se refiere a potencia, colorido y acentos, generando una emisión más tensa y brillante que permite soportar la nueva función de la orquesta que ahora participa activamente de la acción dramática.

Giraldoni hace hincapié en los puntos esenciales de esta nueva manera de concebir el sonido, en vistas de la falta de claridad en el abordaje del estudio por parte de maestros y alumnos. Analiza las causas de la decadencia del arte vocal, poniendo en evidencia no solamente los malestares que se producen por los malos estudios sino también aquellos que se manifiestan debido a la falta de sapiencia en el ámbito de la composición, la intrusión de nuevos estilos que no se acomodan a la buena vocalidad y las nuevas exigencias de una producción instantánea, que va en contra de la minuciosidad y el tiempo que se requieren para el desarrollo de un arte sano, maduro y de calidad.

 

Como discípulo directo de las enseñanzas de este coloso de la pedagogía vocal y heredero de los lineamientos técnicos, estéticos y filosóficos de la escuela romántica italiana, exhorto a todo aquel que pretenda dedicarse dignamente al estudio del canto tenga a bien leer detenidamente estos escritos que,  poseyendo los secretos más valiosos sobre el ejercicio de nuestra profesión, logran disipar muchas de las ideas insanas y mentirosas que echan sombras y desvirtúan las enseñanzas de aquellos inspirados y fieles maestros que dedicaron su vida a la práctica y la enseñanza de las buenas doctrinas del arte de cantar.

Luca D’Annunzio

NOTA DEL AUTOR

Siendo que el tema que voy a tratar en este opúsculo no es sino una repetición más analítica y detallada de mi pequeña Disertación sobre la Educación de la voz, que ya hizo su aparición dividida en partes en los números 51, 52, 53, 54 y 56 del Boletín Artístico de la Sociedad Lírica Internacional entre artistas y maestros afines, creo útil reproducirla a manera de introducción al estudio del presente opúsculo. Ella servirá mayormente para el entendimiento de mi método y hará resaltar, de modo más eficaz, los puntos salientes sobre los cuales he creído útil extenderme en detalles más minuciosos.- Así lo creo.

Leone Giraldoni

DISERTACIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN DE LA VOZ

Aquello que indudablemente debe interesarle por sobre todas las cosas al artista cantante, es precisamente todo lo que concierne a su órgano vocal. Se han escrito muchos Métodos sobre el modo de educar la voz, pero muy pocos son lo suficientemente claros para servir de guía al joven estudioso. Muchos de ellos se extienden en observaciones que, si bien son útiles a conocer, no son indispensables, y en contraposición, se deslizan ligeramente (según mi parecer) sobre puntos tan esenciales, que no me prohíbo afirmar que si dichos principios se descuidan, no será posible adquirir el máximo de expansión, fuerza y ligereza en la voz, cualidades que le permiten al artista cantar con la facilidad con la que se habla y resistir por largo tiempo y sin inconvenientes, al uso y la fatiga de la voz.

El artista que se dedica al teatro debe llegar a dominar su voz al punto de hacerla ejecutar cualquier tipo de música y dificultad sin esfuerzo. Así él podrá usarla con sagacidad y moderación, tratándola a modo de un capital, del cual no se quiere gastar más que la ganancia; así él llegará a la vejez, conservando su voz siempre elástica. Ventajas que en gran parte lo compensarán por la frescura que cada año se disipa cual tributo que se ofrece a la Madre Naturaleza. Perdiendo en parte la frescura de sus medios al adentrarse en la edad, él habrá conquistado, por otro lado, los requisitos del arte que lo compensarán en gran medida por el tributo que cada año paga a la edad. Pero para llegar a la vejez conservando la potencia de la voz y la resistencia del aliento, se necesita que el artista, mientras que todavía es joven, estudie incansablemente su órgano y se adueñe de las leyes ineludibles que le aseguren durabilidad.

Mi larga experiencia de 38 años pasados en el teatro (en medio de las batallas líricas), las infinitas observaciones hechas sobre mí mismo y sobre las gargantas más privilegiadas de los célebres artistas que siempre me han acompañado en el arte, me dan cierto derecho a exponer brevemente mi opinión acompañada de algunos consejos a favor de los artistas; y ya que no pretendo con esto la infalibilidad, si he errado alguna vez en mis apreciaciones, me será perdonado, así lo espero, en vista de la loable intención que me guía a servir a mis compañeros en el arte.

No creo indispensable poseer el conocimiento fisiológico de todas las partes que concurren a la acción de la voz, pero creo muy útil comprender de forma exacta el mecanismo de este órgano complejo y misterioso que escapa en gran parte al análisis cuando se quiere investigar cada una de sus manifestaciones. Dicho conocimiento solo servirá para guiar al artista y ayudarlo a distinguir aquello que en la teoría de los métodos y de los maestros es convencional y no se apoya sobre ningún dato fisiológico. Así comprenderá qué cosa se entiende por voz de cabeza, de nariz, de garganta, registro de pecho, medio pecho y cabeza; así se explicarán las extravagantes definiciones que dan algunos artistas sobre el modo de apoyar la voz.

Sé de maestros que se permiten indicar que algunos sonidos deben atacarse en la cima de la cabeza, otros en la nuca. Conozco otros que tienen la ingenuidad de censurar a algunos de sus colegas diciendo que tal hace cantar de estómago, que tal otro imposta la voz muy abajo, etc., etc.; todas opiniones insulsas que ni siquiera soportan la discusión de personas serias y que saben lo que dicen. Por este motivo no se podría recomendar lo suficiente al alumno de canto el sumo discernimiento en la elección del maestro que debe iniciarlo en los misterios del arte al cual desea aplicarse, puesto que creo que ninguna profesión se presta tanto a la charlatanería como la de la enseñanza del canto.

Puede decirse que la mayor parte de los maestros que enseñan canto, admitida incluso la honestidad de sus propósitos, están completamente al oscuro de los principios que se ponen a enseñar. Pasaron la mayor parte de sus vidas estudiando armonía y contrapunto, o se dedicaron en un principio al estudio del piano y solo cuando vieron cerrado el camino de sus propias aspiraciones, para sustentarse la existencia, se pusieron a enseñar un arte que ignoran. O bien son cantantes fracasados que quisieron ejercitar un arte, para el cual las propias facultades se revelaban, o artistas que debieron abandonar tiempo atrás el ejercicio de su arte, en el cual se habían embarcado sin poseer aquellos requisitos apropiados e indispensables para ejercitarlo, por esto en vez de enseñar a los otros lo que aprendieron podrían, con sumo beneficio para los artistas, enseñar a no hacer lo que ellos hicieron, como dice sensatamente Panofka en su opúsculo Voci e Cantanti. Conozco también aquellos que, dotados naturalmente de una voz apta para entretener una reunión de amigos en una sala, nunca pudieron afrontar las tablas ardientes del escenario y enseñan el canto de teatro, que tiene necesidad de conocimientos diferentes de aquellos suficientes para deleitar un auditorio de sala.

De aquí la falta de cantantes conscientes de las leyes indispensables para la formación de un artista serio; de aquí la pérdida de voces en manos de maestros incapaces; de aquí el gran descrédito que reina sobre los artistas líricos.

Agréguese que en nuestro arte, como en tantos otros, son muchos los llamados y pocos los escogidos, puesto que no basta tener una bella voz para ser artista; se requiere también de aquella inteligencia apta a comprender, percibir o intuir. Y muchas veces ni siquiera basta la capacidad del maestro para formar un artista, si aquel al que se está instruyendo no tiene la inteligencia suficiente para comprenderlo.

Las estrellas, los divos y las divas modernos pululaban en el tiempo en el cual un artista consagraba seis o siete años a instruirse bajo la protección de maestros que en su mayoría habían sido cantantes que dejaron una luminosa huella en el arte. Pero hoy con la invención de las ferrovías y del telégrafo todo se quiere hacer rápido al costo de hacerlo mal. La consecuencia la vemos hoy…

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